Asturias ha sido según los datos facilitados por los sindicatos, la comunidad autónoma en la que mas ciudadanos han seguido la convocatoria de esta huelga general. En total, y siempre según éstos, un 85% de los asturianos ejercitaron su derecho a la huelga, convocada para protestar contra la recién aprobada reforma laboral. Encantados por el resultado, los sindicatos presumen de que en nuestra región aun pervive entre los trabajadores el ideal de la lucha de la clase obrera… Que se lo digan al quiosquero, el propietario de la mercería o al dueño de la cafetería a los que los piquetes “convencieron” de que era mejor para “la seguridad de su negocio” que desistieran de su intención de abrir.
Independientemente de si la huelga ha sido o no un éxito, de si los motivos por la que se convocó han sido oportunos u oportunistas, si se ha hecho en el momento adecuado o ha llegado tarde con la reforma laboral ya aprobada hace un mes, la gran duda que el 29-S ha dejado en el aire es: hasta qué punto el derecho de unos a secundar el paro puede o debe prevalecer sobre el de quienes con la misma legitimidad, desean ejercer el suyo de trabajar?
En la España democrática de las libertades, la que reconoce a los ciudadanos su pleno derecho de pensamiento, ideas y opción política, la coacción parece una táctica más propia del pasado, y ciertamente pobre, para forzar la tan idílica como irreal imagen de que la ciudadanía protesta como Ovejuna, todos a una. Lo reconozcan o no los sindicatos, la utopía de la lucha obrera ha dejado paso a la sociedad del “sálvese quien pueda”, realidad con la que convivimos todos los días y en la que el clamor más o menos mayoritario de los ciudadanos ante los dirigentes de su país no es sino un grito en el desierto de un mundo en el que la soberanía de los países ha sido irremediablemente engullida por las poderosas corrientes de la economía globalizada.

El problema está en que la mayoría de los españolitos de a pie esperan a que sean otros quienes solucionen sus problemas. Unos esperan que sea Papá Estado quien lo arregle todo (aunque no lo quieran ver eso se llama comunismo); otros tienen fe en los Euromillones; algunos no levantan la voz, no vaya a ser que el jefe, además de no solucionar sus problemas, les provoque más; y otros borregos aún confían en los sindicatos... Mientras podamos echarle la culpa a otros de nuestros actos y decisiones, todo va bien...
ResponderEliminarSigo diciendo que somos granitos de arena en un desierto... Y que tanto manipulan los políticos como los sindicatos... La gente vive idiotizada
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